Arquitectura como Membrana Protectora y Espacio Inclusivo
El diseño de la Escuela Especial de San Javier, de 4.000 m² en una sola planta, se concibe como una membrana montañosa que recorre el horizonte: sus cubiertas zigzagueantes perfilan un skyline topográfico que evoca las cordilleras de la región y, al mismo tiempo, organiza ritmos y variaciones de altura que dan luz y sombra a los espacios interiores. Bajo este dosel, los patios y aulas se disponen en alternancia, de modo que cada salón se abre a su propio “vacío verde” mientras se comunica visual y físicamente con los espacios colindantes.
La continuidad de los flujos es un principio rector en toda la planta: corredores anchos y libres de peldaños garantizan el tránsito seguro de niños con movilidad reducida, sillas de ruedas o andadores, conectando sin interrupciones las áreas de clase con talleres, servicios y zonas de apoyo. Los patios paisajísticos, salpicados de especies nativas resistentes al clima local, ofrecen rincones de juego sensorial y descanso, donde la naturaleza ejerce un efecto terapéutico y estimulante.
Un sector de rehabilitación ecuestre, adosado a un patio cubierto de arena, integran sesiones de hipoterapia: la coordinación y el vínculo emocional con los alumnos y los caballos son un atributo emblemático. Este espacio, flanqueado por graderíos y áreas de observación, se enlaza mediante rampas suaves con el resto de la escuela, reforzando la idea de que cada actividad —educativa, recreativa o terapéutica— es parte de un continuo arquitectónico y pedagógico.
El resultado es un edificio que no solo responde a criterios funcionales y de accesibilidad, sino que se manifiesta como un refugio emblemático, donde las cubiertas ondulantes, los patios verdes y las circulaciones fluidas crean un entorno de seguridad, bienestar y estímulo para niños con necesidades especiales y sus familias.
